Elizabeth y Sebastián, Cipoletti

Decir todo puede sonar exagerado, pero es real. Bellísima la Posada, cálida, confortable, decorada con gusto exquisito y un detalle vistoso, la identificación de las habitaciones por nombres de árboles. La atención personalizada de Rodolfo e Inés sus dueños y los riquísimos y abundantes desayunos servidos con una sonrisa por Andrea. Un lugar para recomendar, tranquilo, muy bien ubicado y por sobre todo con la calidez del hogar. Gracias por mimarnos tanto.

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